En la Edad Antigua el concepto de personalidad -y de los derechos que le son inherentes-, es desconocido.
La libertad, en su concepción primitiva, "mágica", era autoritaria: venía de los dioses y se dirigía a los hombres a través de otros hombres; pero desconociendo siempre el diálogo. El logos divino expresaba por si sólo la profundidad del ser del hombre.
Por otra parte, la confusión entre lo humano y lo divino, lo sacro y lo profano impidió una real autonomía individual y una concepción profunda y operativa de la libertad personal. El poder político y el poder religioso venían a ser una misma cosa.
Por otra parte toda la existencia del hombre era, esencialmente, política, es decir, comunitaria. La comunidad -el grupo histórico- se imponía al individuo con una fuerte presión social y con un control en el que los elementos prohibitvos y sancionadores no estaban, como están hoy, suficientemente diferenciados.(1)
Sin embargo puede afirmarse que hay algunos datos que permiten afirmar el comienzo, aún en grado muy incipiente, del reconocimiento de la dignidad de la persona humana:
En el prefacio del Código de Hammurabi se dice:
Entonces [los dioses] ANU y BEL complacieron a la carne de los hombres llamándome a mí, el dios temido Hammurabi, para establecer justicia en la tierra, para destruir lo ilegítimo y los males y para contener al poderoso en su opresión del débil.(2)
Hegel caracterizó equivocadamente los imperios
orientales del mundo antiguo, en su obra La razón
en la historia, como regímenes patriarcales en
los que "el sujeto no ha adquirido todavía su
derecho y lo que reina es más bien un orden
ético inmediato y desprovisto de leyes". (3)
Sin embargo, el filósofo chino contemporáneo
Chun-Shu-lo señala que la idea de los derechos
humanos se desarrolló muy pronto en China, y desde
muy temprano se estableció el derecho del pueblo a
rebelarse contra los emperadores tiránicos. El
término "revolución" no se consideraba
peligroso, sino que a él se asociaban altos ideales,
y se le usó constantemente para referirse al
justificable derecho que el pueblo tiene de derrocar a los
malos soberanos. (4)
En la Antigüa China el emperador tiene un deber para
con el cielo: tiene que cuidar de los intereses de su
pueblo. Amando a su pueblo es como el emperador acata la
voluntad del cielo. Por eso se dice en el Libro de la
Historia (que es una antigua obra clásica) que
"el cielo ama a su pueblo, y el soberano debe obedecer al
cielo". Cuando el soberano no gobierna ya para el bien del
pueblo, éste tiene derecho a rebelarse contra
él y destronarlo ".(5)
Mencio (372-289 a de C.), discípulo de Confucio, sostuvo con firmeza que un gobierno tiene que actuar por la voluntad del pueblo. "El pueblo -dijo- es de primera importancia. El Estado es de menor importancia. El Soberano es el de menor importancia". (6)